Palma • Llucmajor • Campos • Felanitx • Santanyí • Cala d´Or
Autovía Ma-19 hasta Llucmajor, PM-512 hasta Felanitx o PM-717 hasta Santanyí. PM-401-3 hasta Cala d’Or.
Paisajes de naturaleza indomable, donde sólo el acebuche y el lentisco son capaces de hundir sus raíces en una tierra incubada entre la estéril roca, que asoma por doquier. Castigadas por “Migjorn”, viento del sur, adoptan desesperadas formas triangulares, en su afán de medrar en condiciones extremas.
No muy lejos: naturaleza mansa, tierra fértil de cultivo, almendros, y en mayo, espigas. Humedales, marismas, dunas, playas y salinas. Pueblos, calles, plazas que vivir, gentes que disfrutar, así es el contraste de los espacios de esta ruta.
Llucmajor: En el casco urbano de Llucmajor podrá disfrutar de un atractivo patrimonio arquitectónico además de cafés y comercios con historia. Visite el poblado talayótico de Capocorb Vell, cerca de Cala Pi, una preciosa cala entre abruptos acantilados. La imagen corresponde al portal del Convento de Sant Bonaventura.
Campos: La iglesia de “Sant Julià” y el “Museu dels Sagrats Cors” son interesantes paradas del itinerario urbano. A las afueras, debemos destacar paradisíacas playas, como la de “Es trenc” o riquísimos hábitats naturales como el “Salobrar”, un humedal excepcional.
Santanyí: El Parque Natural de Mondragó es el mejor conjunto de calas vírgenes del levante y sur mallorquín. Localidades como Cala Figuera o Portopetro, ambas en la costa, son ideales para el descanso y el paseo.
Felanitx: El “Castell de Santueri” (sobre estas líneas), castillo roquero de época musulmana, cuya muralla data de época cristiana (1.316) y el “Puig de Sant Salvador”, a 500 m de altura, disponen de especiales vistas sobre el municipio. En el núcleo de Felanitx destacamos la iglesia parroquial de “Sant Miquel”, construida entre los años 1.551 y 1.603.
Cala d’Or: En Cala d’Or, principal núcleo turístico de Santanyí, se ubica una oferta comercial y de restauración muy interesante.
Torres de vigía: Las torres de vigía, vestigio del temor a las frecuentes incursiones piráticas sufridas hasta el S.XVIII, se reparten en todo el litoral, constituyendo, hoy en día, fantásticos miradores. Desde cualquiera de ellas se divisa siempre otra, lo que permitía la comunicación inmediata de cualquier eventualidad, a través de señales de humo durante el día y de señales de fuego durante la noche, advirtiendo del peligro a las demás torres y a la población del interior.
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