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Nuestro personaje

Dionís Bennàssar, Pollença 1904-1967.

"Su arte es algo más que retórica; es sensibilidad, palpitación, belleza, en el sentido aristocrático de la palabra..."

Así definía Tito Cittadini, en 1940, la obra de este hijo de la luz y del color.
Cela afirmaba: “Y a Dionís Bennàssar le bailaban los colores en la cabeza, delicadísimos como pájaros bravos o como niños haciendo títeres al borde del precipicio”.

Tales manifestaciones son perfectamente inteligibles al admirar la obra de este espléndido paisajista caracterizado por una desbordada imaginación.
Dionís Bennàssar, nacía en 1904 en el seno de una familia payesa pollencina. Desde niño demuestra gran habilidad por el dibujo y tras algunas clases en su Pollença natal, se dirige, ya en su adolescencia, a Palma, donde combina sus clases con el trabajo en un taller mecánico.

Inquieto e inconformista, no tardará en regresar a Pollença, ya que su visión del arte no cuaja con el estático clasicismo de la época, dedicándose a exaltar la belleza de las montañas y el mar de la Serra de Tramuntana.

Pero su dedicación absoluta al arte es consecuencia de una herida en su clavícula en la guerra de Marruecos. A partir de este momento, y en intenso contacto con Anglada Camarasa, Joaquim Mir, Santiago Russinyol y Tito Cittadini, inicia una nueva etapa artística con una novedosa concepción de la pintura basada en la fascinación por el color, la intensidad cromática, la luz y las pinceladas pastosas, gruesas y sueltas.

Dionís Bennàssar, hijo ilustre de Pollença, acostumbraba a pintar paisajes rurales, marinas, escenas costumbristas, retratos, así como también temáticas más personales: escenas mitológicas, caricaturas, etc. Veraneaba en la Cala Sant Vicenç junto con su familia, y en muchas ocasiones partía con las barcas de pescadores a pintar por las costas de los alrededores. Son muy abundantes sus pinturas de fondos marinos.

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